Kirguistán no es Suiza

Publicado en el número 90 de la revista Traveler de National Geographic, edición Latinoamérica. Cd. de México, México, 1 de mayo de 2017.

[Texto y fotos].

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Kirguistán no es Suiza

En 1990, la apisonadora la URSS se vino abajo y la construcción de identidades nacionales se convirtió en un tema esencial para las repúblicas del sur. Para los kirguisos, el reacomodo fue doloroso. Hubo escenas de violencia étnica, escasez y luchas de poder. Hoy, en cambio, se anuncian como el país más estable de la zona. Pero tenían un problema. Fuera, pocos sabían cómo se escribía o dónde estaba su país, y eso no era bueno. El nombre de Kirguistán mutó hasta las cinco palabras: La Suiza de Asia Central. Y funcionó.

El marketing de estado ayudaba al menos a la localización geográfica: quedaban al menos, al pie de las montañas, al final de una estepa interminable. Y el Kirguistán montañoso tiene valles glaciares en forma de U, vacas, pinares y praderas de un aire puro como para llevarse en frasco. Pero lo suizo de disipa, tanto mejor, en cuanto aparece allí un kirguiso. Son esencialmente unas 80 etnias que comparten una tradición: pueblos altaicos de ojos rasgados, pastores nómadas emparentados con kazajos y mongoles a los que los zares y luego el comunismo quisieron encuadrar a base burocracia y avenidas paralelas de concreto. Y Bishkek, su capital, puede ser algo anodina y llena de viejos coches rusos, aunque resulta también calma, amplia y arbolada y tiene hoy magníficos cafés.

En el campo, aunque las yurtas nómadas se llenaron de turistas rusos, los clanes aún se distinguen por los motivos de sus sombreros de fieltro. Sin embargo, fueron muchos quienes pasaron por allí. Predominan un islam atenuado por el culto antiguo a la naturaleza o costumbres rusas como la sauna, el vodka o la cerveza. También los dumplings, el plov a base de arroz y cordero o el té con mantequilla, a lo mongol. Eso, y los trekkings por las montañas de Tian Shan. Suerte que Suiza sólo hay una.

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